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    La cárcel de Martutene

    POLÍTICA PENITENCIARIA

    El Gobierno prevé que todos los presos de Martutene estén en la nueva cárcel en 2010

    Sostiene que en seis meses comenzarán en Zubieta los movimientos de tierras para acondicionar el solar del nuevo centro penitenciario Martutene tiene 320 reclusos, de los que el 36% está en tercer grado

    El Gobierno prevé que todos los presos de Martutene estén en la nueva cárcel en 2010

    DATOS

    Martutene: Construida en 1948. El censo de reclusos suma 320 personas -87 extranjeros-, de los que el 36% está en tercer grado. El perfil medio de los reclusos corresponde a un hombre de entre 36 y 40 años y la inmensa mayoría de los penados lo son por delitos relacionados con el tráfico de drogas. 245 cumplen condena por sentencia firme y 75 son preventivos. De estos últimos, el 45% son extranjeros.

    Enfermedad mental: En Martutene, entre el 20 y el 30% de los reclusos sufre trastornos mentales, muchos de ellos derivados del consumo de drogas. Diez presos tienen los diagnósticos más severos, psicosis o esquizofrenia, y son tratados por un psiquiatra que les visita cada quince días.

    Asistencia médica: Dos psicólogas, tres médicos, tres ATS, dos auxiliares, un dentista y un psiquiatra.

    Zubieta: Instituciones Penitenciarias asegura que durante el primer trimestre de 2008 se iniciará el movimiento de tierras, el acondicionamiento del solar y la adjudicación del proyecto de ejecución.

    Dimensión: El nuevo centro, con capacidad para un máximo de 500 presos, «se adecuará a las necesidades de un territorio como Gipuzkoa, teniendo en cuenta el crecimiento natural que corresponde a una dotación penitenciaria prevista para un periodo de unos 50 años».

     

    SAN SEBASTIÁN. DV. La cárcel de Martutene tiene los años contados porque dentro de cuatro cerrará sus galerías y celdas. El hacinamiento de los reclusos y las malas condiciones estructurales de la prisión, construida en 1948, obligan a su clausura. Colectivos que trabajan en la asistencia a los presos se remiten a las palabras de la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, cuando hace tres años visitó el centro y dijo que le daban «ganas de cerrarlo».

    La construcción de la nueva cárcel en Zubieta, que tendrá una capacidad para 500 personas, se iniciará durante el próximo año. Fuentes de Instituciones Penitenciarias aseguran que «durante el primer trimestre de 2008 se iniciará el movimiento de tierras y el acondicionamiento del solar. Además se llevará a cabo la adjudicación del proyecto de ejecución». Las obras se prolongarán hasta 2010.

    Sin embargo, el delegado de Urbanismo del Ayuntamiento de San Sebastián, Jorge Letamendia, sostiene que la tramitación urbanística será probablemente más lenta y que resulta más razonable fijar un período de cinco años para la apertura de la cárcel de Zubieta, de manera que el nuevo penal se abriría en 2011. En el solar de Martutene se construirá la segunda fase del nuevo barrio de Txomin Enea, con 378 viviendas.

    Responsables de Instituciones Penitenciarias han asegurado al Ayuntamiento que el nuevo centro «se adecuará a las necesidades de un territorio como Gipuzkoa, teniendo en cuenta el crecimiento natural que corresponde a una dotación penitenciaria prevista para un periodo de unos 50 años».

    Hasta entonces, los presos deberán cumplir condena en el vetusto Martutene. Luis Miguel Medina, capellán de la prisión, es tajante: «La cárcel tiene que desaparecer porque no reúne las condiciones higiénico-sanitarias y de calidad para vivir en ella. Está vieja, un poco destartalada, si bien es cierto que desde que llegué en el año 2000 los directores se han preocupado muy mucho de mejorar las condiciones; por ejemplo, este año se ha puesto calefacción en las galerías». Pero no dejan de ser reformas parciales, parcheos.

    «Hoy en día, las condiciones de calidad de vida penitenciaria, servicios, talleres, patios, etcétera, tienen que ser otras. No se debe permitir -agrega- que haya cárceles como ésta. Una persona es privada de su libertad por un delito, pero esa es su condena, no más. La institución penitenciaria tiene que crear las condiciones necesarias para que la persona no sufra más allá de lo que debe ser su privación de libertad».

    Su diagnóstico corrobora el testimonio que en su día dio Gallizo: «Este centro me impresionó muy negativamente. El día que fui a verlo tuve ganas de cerrarlo, porque me parece que no reúne las condiciones que nos debemos exigir a nosotros mismos».

    Hacinados y enfermos

    El censo de reclusos suma 320 personas, de los que el 36% está en tercer grado (sólo acude a la cárcel a dormir). Según datos oficiales actualizados esta semana, el perfil medio de los reclusos corresponde a un hombre de entre 36 y 40 años y la inmensa mayoría de los penados lo son por delitos relacionados con el tráfico de drogas. Los presos extranjeros representan menos del 30%.

    El hacinamiento, un problema generalizado en las cárceles españolas, -la población reclusa (más de 65.000 personas) se ha duplicado en pocos años-, provoca un sinnúmero de consecuencias que deterioran la convivencia ya de por sí complicada en la cárcel: falta de intimidad y unas relaciones más conflictivas, con lo que eso representa en unos espacios cerrados a cal y canto, con celdas de dos, tres y hasta cuatro camas, algunas sin ducha. El objetivo de «un preso, una celda» resulta así tan irreal como la función de reinserción social constitucionalmente atribuida a las cárceles.

    Estas deficiencias se agravan si se considera que muchos de los privados de libertad padecen trastornos mentales. En Martutene, entre el 20 y el 30% de los reclusos sufre trastornos mentales, muchos de ellos derivados del consumo de drogas o porque ya estaban enfermos, delinquieron y ahora la cárcel agrava su deterioro. Diez presos tienen los diagnósticos más severos, psicosis o esquizofrenia, y son tratados por un psiquiatra que les visita cada quince días. La asistencia médica está integrada por dos psicólogas, tres médicos, tres ATS, dos auxiliares y un dentista una vez a la semana.

    Paga para indigentes

    La composición de la población reclusa se ha acompasado a los cambios migratorios y cada vez son más los presos magrebíes, que a la barrera cultural suman un desarraigo absoluto. «Los presos autóctonos tienen fuera de la cárcel familia, amigos... Por el contrario, muchos de los inmigrantes encarcelados llegan de la ilegalidad, el desamparo y la indigencia, sin ningún tipo de apoyo externo», explica Medina.

    En la cárcel, unos se buscan la vida y tienen dinero, pero hay casos de desamparo extremo; muchos indigentes no tienen ni para comprar un cigarrillo, por lo que el capellán les deja todas las semanas cinco euros a cada uno y tarjetas telefónicas para que puedan llamar a sus casas. Estas ayudas contrastan con la abundancia de medios de los beneficiarios del trapicheo de drogas, un mercado negro floreciente que las instituciones siempre han minimizado.

    En un medio hostil como el carcelario, donde conviven personas que han cometido asesinatos, violaciones, delitos económicos... el único colchón afectivo que tienen muchos es el que les brindan los 170 voluntarios que tienen acceso a la cárcel a través de la Pastoral Penitenciaria de la Diócesis de San Sebastián.

    Todas las personas consultadas subrayan que el director de la prisión facilita al máximo que Martutene sea tan permeable y que tanta gente pueda acceder a las galerías y celdas.

    «Como un colegio mayor»

    «Hay presos provenientes de otras cárceles que dicen que esto es como un colegio mayor -comenta el capellán-. Y no les falta razón, porque dentro de su vetustez, esta cárcel es pequeña, entra mucha gente y eso propicia que dentro el ambiente sea distinto. Recientemente estuve en la prisión de Salto del Negro, con 1.300 presos y donde muchos no tienen nada y no reciben la visita de nadie», resume el capellán.

    Martutene es además la única cárcel de España donde aún viven monjas, cinco de la Caridad de Santa Ana que dirigen la cocina, el ropero y otros servicios.

    Puertas afuera, Martutene se beneficia de una potente red de recursos sociales que trata de ayudar a los presos cuando salen, como Loiolaetxea, una casa de acogida para los excarcelados que no tienen adonde ir.

    Así y todo, el estigma social adherido al paso por una cárcel es casi indeleble y, en este sentido, el capellán Medina lamenta que Martutene «no interesa porque el chip que tiene la gente es que una persona ha cometido un delito, es peligrosa para la sociedad y hay que aislarla. Y no nos damos cuenta de que la prisión la crea la sociedad y por tanto tiene que asumir lo que se cuece aquí, para bien y para mal».

    «Nadie debería ser tan ajeno, -concluye- porque nadie sabe lo que le va a pasar en el futuro. Muchas familias me suelen decir, 'jamás pensamos que vendríamos a una prisión, y ahora nos damos cuenta de lo que es', porque les ha tocado el caso de una madre, un hijo...».

     

    POLÍTICA PENITENCIARIA POLÍTICA PENITENCIARIA

    Drogas, 'xagus' y móviles a 400 euros

    Martutene es una cárcel vetusta y húmeda donde los reclusos conviven a duras penas y a la que todos atribuyen una cualidad aparentemente contradictoria, que es 'muy abierta'

    Mikel y Rita han pasado los últimos años en la cárcel donostiarra. [MIKEL FRAILE]

    SAN SEBASTIÁN. DV. 23.09.07 - «Aquí hay más droga que en cárceles de 2.000 reclusos. Puede ocurrirte, como le sucedió a un portugués, que entró sin haber probado nunca el caballo, salió enganchado y al poco murió de una sobredosis». La droga, que está en el origen de la mayoría de las fechorías que penan los reclusos de Martutene, fluye en el mercado negro sin grandes cortapisas: una postura de heroína o cocaína, a veinte euros, el gramo a cien, el doble que fuera de la cárcel. Se consume mucha droga y eso significa que circula también mucho billete, aunque los de curso legal están prohibidos en el interior de la prisión.

    Mikel, nombre ficticio de un guipuzcoano de 35 años, salió este verano de la cárcel tras tres años de condena por un delito del que no quiere hablar. Ha conocido otras cárceles, como las de Tánger -«terrible, allí las condiciones eran infrahumanas»-, Villabona, Picassent, Nanclares, Pamplona..., donde enterró otros tres años y medio de su juventud por robos para procurarse caballo y coca.

    Ese peregrinaje entre barrotes le proporciona cierta perspectiva para valorar las condiciones de la vida carcelaria en Martutene: lo mejor, la atención médica, lo peor, la gelidez de las celdas sin calefacción en invierno, cuando además de las duchas mana agua fría como de carámbano, y las ratas que se enseñorean de la cocina, aunque otras fuentes rebajan la categoría de los intrusos a la de xagus.

    Propias del mundo carcelario son «las injusticias» de algunos funcionarios, así como el trapicheo de droga y móviles, que se venden con sus cargadores por unos 400 euros. «La mayoría de los presos marroquíes y colombianos los tienen». Y los adquieren a sabiendas del riesgo de que «a los dos días un funcionario te lo puede quitar»

    A su lado escucha, en un hogar de Donostia, Rita, una africana de 45 años que salió hace dos meses tras dos años y medio por traficar con droga, y ratifica la pincelada sobre las condiciones higiénicas. «Yo he visto nidos de xagus en el horno de la cocina, de verdad. Y ratas en las celdas. Poníamos toallas enrolladas para tapar el hueco del inferior de las puertas, hasta que nos dieron unas cajitas de madera que eran unas trampas con cepo, pero no sirven para nada».

    Cinco en un 'chabolo'

    El hacinamiento de los presos en las celdas tampoco facilita cierta salubridad. Mikel compartió chabolo con hasta cinco reclusos, cada cual con su tragedia personal, sus fobias, sus desconfianzas... Lo mejor, con diferencia, fue para Mikel la asistencia médica, en un medio en el que el sida y la hepatitis C proliferan. «En otros penales hay presos que están muertos en vida; para ver al médico tienes que hacer una instancia, puede llegar al cabo de seis meses, la medicación no llega, terminas por dejarla... En Martutene ves al médico de infecciosos, estás con las ATS. Esta cárcel es más humana».

    También suaviza mucho la convivencia el contacto con los voluntarios. «Es otra de las cosas buenas -prosigue Mikel-, que entra mucha gente de la calle, es una cárcel muy abierta. Está muy bien».

    El juicio es, como probablemente no pueda ser de otra forma, muy crítico con los funcionarios, si bien Mikel admite que «aquí hay con ellos más trato que en otras cárceles, donde los funcionarios no salen de sus garitas». El preso, cuya posición puede llegar a ser de extrema vulnerabilidad, lamenta «las injusticias» que vio con impotencia. «La situación hay que vivirla para ser consciente de que tú dependes de ellos, de los funcionarios».

    Los tratos de favor, la arbitrariedad y la impunidad del trapicheo también le soliviantan. Rita asegura que en Martutene «el dinero permitido es de cartón, pero luego resulta que circula mucho billete. Allí entran las botellas de whisky, los MP3 con cámara fotográfica, los móviles con sus cargadores....».

    La heroína y la cocaína nunca faltan y los que están enganchados se meten a veces en una espiral que acaba indefectiblemente en trifulca: «Es habitual que si te has quedado sin dinero, empeñes alguna cosa de valor, que te entrampes y luego no sepas cómo salir del atolladero». Una postura, «que son cuatro polvos de coca o caballo», cuesta veinte euros, y el gramo, cien.

    Rita explica que «en la cárcel sin drogas estás mucho mejor, pero hay gente enganchada que está completamente ida porque se está tratando con metadona, se mete coca, toma medicamentos. Van zombis».

    La vida cotidiana de las mujeres en el centro es si cabe más difícil que la de los hombres, porque están más hacinadas. Rita asegura que el módulo de mujeres «tiene un patio tan pequeño que es una vergüenza. No hay sitio para nada, hemos llegado a estar hasta seis-siete mujeres en una celda».

    Tiritando de frío

    Recuerda el intenso frío que pasaba en las duchas: «Durante el verano, aún, pero es que el agua estaba helada, aquello es un frigorífico. Tienes que ducharte pero te arriesgas a pillar una neumonía. Hay cuatro duchas pero cuando una se abre con agua caliente, del resto sale fría, porque la caldera se acaba enseguida. Es una vergüenza». Durante el último invierno el frío en las celdas a algunas les hacia tiritar durante toda la noche. «Para conseguir que nos dejaran una estufa, había que conseguir un justificante médico. Un día, harta, saqué un radiador de una galería y lo llevé a nuestra celda, y me abrieron un sumario. Joder, pasábamos tanto frío».

    Mikel y Rita también denuncian, -querrían contar mas cosas, pero callan porque se siguen sintiendo vulnerables- que la vía establecida para el envío de cartas al exterior, el «curso legal», no funciona como debiera y que las cartas a los jueces para presentar quejas las sacan de la prisión a través de los visitantes. «Por el curso legal no llegan y además toman medidas contra ti».

     

    SAN SEBASTIÁN. DV. 23.09.07 -

    ELA denuncia que Martutene vulnera los derechos de los reclusos y de los trabajadores

    Exige la transferencia inmediata de las competencias penitencias Rechaza que la nueva cárcel se levante sin el acuerdo del Gobierno Vasco

    La cárcel de Martutene se construyó en 1948. [MICHELENA]

    El deterioro estructural de la cárcel de Martutene, levantada sobre un humedal y aledaña al Urumea, incrementa las penurias de quienes están privados de libertad, pero también afecta a quienes están al otro lado de la rejas; el centenar y medio de personas que trabajan en la cárcel lo hace en unas condiciones pésimas. Desde esa perspectiva ELA Prisiones aboga por la desaparición de la cárcel, pero rechaza una nueva cárcel en Zubieta «made in Gallizo» -en alusión a la responsable de Instituciones Penitenciarias- porque defiende que el nuevo centro penitenciario se adapte al modelo que implante el Gobierno Vasco, para lo que el sindicato exige que se produzca la transferencia de las competencias penitenciarias.

    Javier Del Moral, responsables de ELA Prisiones, reconoce que hubo un tiempo, cuando Cataluña asumió la transferencia, en que el Gobierno Vasco también pudo obtenerla si hubiera tenido una voluntad real de asumirla. «Ahora lleva tiempo reclamándola de forma seria y rigurosa. Construir la cárcel de Zubieta será una tarea dificultosa en tanto no haya un acuerdo entre los gobiernos de Vitoria y Madrid. No se puede construir una cárcel así por así. Debe ser un proyecto participativo, en el que también intervengan asociaciones de presos, partidos, etcétera».

    Entretanto, Del Moral comparte que Martutene está para demolerlo y perjudica los derechos que les asisten a los presos y las condiciones de trabajo de los funcionarios. «Es una cárcel de mediados del siglo XX con una estructura obsoleta y mal conservada, en unas condiciones impropias: no hay unidad de madres, faltan talleres, espacios comunes, la sección abierta está muy mal... Es un inmueble muy degradado, aunque los responsables velen por hacer mejoras, pero no dejan de ser petachos».

    Uno de los aspectos más preocupantes a su juicio es el creciente número de penados que llegan con trastornos mentales. «Se está admitiendo como algo normal que personas con enfermedades mentales estén en la cárcel y no ingresados por el sistema de salud y con asistencia médica especializada». Reconoce que el equipo médico de Martutene es de lo mejor, pero discrepa de que no haya un psiquiatra permanente para atender a los presos psicóticos graves.

    Sin atención jurídica

    Sobre las condiciones en las que los trabajadores desarrollan su trabajo, aseguran que llegan a ser infames: «No hay espacio físico y la precariedad de medios y personal salta a la vista. Por ejemplo, ahora no disponemos de un jurista en la cárcel que atienda las peticiones de los reclusos. Dirección dice que esa tarea la asuma un educador, pero eso no puede hacerlo alguien que no tiene experiencia».

    Si Martutene ya no da más de si, la situación se agrava por cuestiones de seguridad, pues hay funcionarios que solicitan vivir en la misma cárcel, lo que obliga a liberar espacios para vivienda. Según ELA, tres de cada cuatro trabajadores son de fuera del País Vasco, y residir en la prisión les proporciona seguridad y les ahorra el alquiler de pisos.

    Por otra parte, el sindicato nacionalista también critica que la dirección permita «horarios irracionales y a la carta» a los trabajadores foráneos, de modo que «llegan a trabajar siete días seguidos y libran los siete siguientes, o en turnos de cuatro días». La consecuencia de esos turnos es que los huecos que se producen, por ejemplo, lunes y viernes, «los tienen que cubrir los trabajadores que tienen hecha aquí su vida».

    Recoger documento
    Recursos sociales y juridicos-Atencion integral a presos y expresos-Arrats-La cárcel de Martutene

    Recursos y escritos

    Al juzgado o tribunal para que autorice el 3º grad

    Cancelacion antecedentes penales

    Contra clasificación en 2º grado, interesando 3º

    Demanda por despido disciplinario

    Denegación de información sobre la situación penal

    Denegacion de la progresión en grado el JVP

    Escrito de queja ante el juez de vigilancia penite

    Escrito de queja por denegación de comunicación

    Escrito de queja suspensión de las comunicaciones

    Escrito por la denegación de permiso de salida

    Indulto este o haya hecho insercion toxicomania

    Indulto para persona que haya o este en rehabilita

    La no asistencia del letrado al centro penitencari

    La regresión de grado por una pena superior 5 años

    Limitación de penas del artículo 76.1 del C.P

    Mantener 2º grado y solicitud 3º sin tener la mita

    Menores no ser repatriados a marruecos

    Reclamacion de la pnc en prision

    Reclamacion previa por asunto de despido

    Recurso de casación por denegación limitación pena

    Salud y carcel

    Propuestas de actuacion (euskera y castellano)

    Salud mental en los centros penitenciarios

    Trabajo en Beneficio a la Comunidad

    Convenio de colaboración para el cumplimiento de p

    Documentacion para tramitar la peticion de TBC

    Ponencia de Jose Angel Brandariz sobre TBC

    Protocolo para la ejecucion de la pena de TBC

    Real Decreto 1849/2009, de 4 de diciembre

    Real Decreto 515/2005, ejecución de TBC

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